Respetar la legalidad es una obligación de todos

Todo acto tiene consecuencias. Debe pensarse bien antes de actuar. Una vez generado el destrozo, derramada la sangre, no hay vuelta atrás. Eso parecen olvidar quienes acusan de injustos los procesos judiciales asociados a los disturbios del 11 de julio.

Hubo de todo. Como explicó el propio presidente cubano, un gran número de personas salió a las calles, sin verse involucrados en actos de violencia y desacato, a ejercer su derecho de expresarse en el marco de la democracia socialista. Otros acudieron confundidos, y se retiraron al ver de qué se trataba todo aquello.

Sin embargo, no faltaron quienes se armaron de palos, piedras, artefactos incendiarios, con la intención de hacer daño. Las imágenes hablan por sí solas. ¿Quién puede señalar un propósito político, cuando se irrumpió en tiendas, con el burdo propósito de saquearlas? ¿Existe algún indicio de paz en la acción de herir y ofender a otro?

La respuesta negativa es clara. ¿Por qué sucedió esto? No resulta tan sencillo dilucidar razones, con la precisión quirúrgica que refieren los enemigos de Cuba. Por un lado, existieron factores internos, como la crisis económica acrecentada por la pandemia de Covid 19 y los embates de un recrudecido bloqueo, que ya dura seis décadas. Por otra parte, una fuerte campaña mediática desde el exterior , desplegada ampliamente en redes sociales y otras plataformas, vino a aprovecharse de los sectores más vulnerables de nuestra población.

Como siempre, el financiamiento externo constituyó uno de los principales alicientes para delinquir. Muchos de los incitadores recibían fondos desde Miami y otras partes del mundo. Apátridas pedían una intervención yanqui en la Mayor de las Antillas. Otros, tan llenos de odio como los anteriores, clamaban por ver las calles teñidas de «sangre comunista». Ahora la sangre es «refresco de fresa», vociferaba uno, en muestra de total desprecio por la vida de sus compatriotas.

Han querido volvernos enemigos, sembrar el odio artificial contra el socialismo cubano que tanto prolifera del otro lado del estrecho de la Florida. Sin embargo, han fracasado miserablemente.

Se habla de injusticia, cuando en todo momento se respetó el correcto desarrollo de los procesos. Todos los acusados tuvieron defensa, fuera contratada o de oficio. Además, la comunicación con los representantes legales no se restringió solo a los momentos establecidos, sino que tuvo lugar durante distintas etapas. Según declaraciones de las autoridades involucradas, tanto de la fiscalía como de la defensa, los juicios se caracterizaron por su apego a la ley.

Además, a la hora de elegir procederes se tuvieron en cuenta factores como la edad de los acusados, la gravedad de los cargos y su papel en los sucesos.

Quienes cometieron actos tipificados por la ley han sido juzgados en consecuencia. No se podía esperar menos. El Estado cubano tiene la obligación de actuar para proteger la tranquilidad ciudadana y la integridad de los individuos. De no hacerlo, estaría incumpliendo sus funciones.

“La defensa de la patria socialista es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano”, reza la Constitución de la República de Cuba en su artículo 4. También establece el cumplimiento de la legalidad socialista como un deber de todos. Así queda plasmado en nuestra Carta Magna. Así debe cumplirse.

Vea también:

http://razonesdecuba.cu/respetar-la-legalidad-es-una-obligacion-de-todos/

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