El estallido del decoro: el Grito de Baire

Por Yoel Cordoví Núñez, tomado de Granma

«Los tiempos grandes requieren grandes sacrificios», le escribía José Martí a Máximo Gómez el 13 de septiembre de 1892, en medio de los preparativos que habrían de desembocar en el reinicio de las guerras de independencia del pueblo cubano. Los términos en que estaba redactada eran tan firmes como firme debía ser la toma de decisión.

El Delegado1 trabajaría sin descanso en concientizar sobre la trascendental obra libertadora, al mismo tiempo que aunaba voluntades, dentro y fuera de Cuba, limaba asperezas, enfrentaba las campañas de las fuerzas opositoras a la independencia y concertaba las acciones estratégicas en medio de un sofisticado dispositivo de espionaje español, concebido en contubernio con las autoridades de Estados Unidos.

Mientras la labor unificadora cuajaba, los sucesos se precipitaban. El 8 de diciembre de 1894, José Martí, el general Enrique Collazo, representante del Occidente, y el brigadier José María Rodríguez, comisionado del general Máximo Gómez, acordaron enviar las instrucciones indispensables para el Plan de alzamiento. El trascendental texto, preciso en todos sus puntos, disponía el inicio de las acciones para los días finales de ese mes, con plenas garantías de apoyo desde afuera.

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