Las hordas neoliberales sirven de carne de cañón

Por: Manuel Valdés Cruz

Pueden estar vigilantes en cualquier lugar del mundo, siempre esperando la oportunidad para desempeñar su nefasto papel.

Su identidad está determinada por el consumo, para ellos el tener más es su manera de sobresalir en cualquier sociedad. Creen que de ese modo se les tiene en cuenta; son adscritos a la banalidad y a la frivolidad, considerando las redes sociales y la televisión como los representantes de la verdad absoluta.

Analfabetos políticos, tienen una visión uniforme y excluyente de la sociedad, interpretando, a priori, las funciones del Estado, llamando libertad a lo que vulnera, incluso, sus propios derechos.

La muestra más palpable de su actuar es el culto al odio, a la discriminación de cualquier tipo y el aplauso a la legitimidad de la desigualdad.

Son alérgicos a cualquier mecanismo de distribución o de reparto de la riqueza, defendiendo la privatización de los servicios públicos, sobre todo, aquellos que beneficien a las amplias mayorías como la salud y la educación. Se integran en grupos que defienden una supuesta moralidad, que puede ser oponerse a la lucha contra la corrupción, y contra el racismo, basándose en su visión distorsionada de la realidad.

Destruir valores universales y la ética de los pueblos, son los verdaderos motivos de estas hordas neoliberales, en las que la falta de principios es su ley natural. Sirven de carne de cañón a los propósitos imperiales, sin medir las consecuencias en las que pueden verse afectados ellos o sus familias.

Rechazan la naturaleza de los cambios, porque son fuerzas antihistóricas que frenan el avance de la humanidad, incapaces de aportar a la solución de los problemas.

Pero les divierte ser los que sugieren las grandes soluciones, que solo tienen el prisma de su beneficio particular. Su crítica nunca encuentra nada positivo o puntos comunes con otras ideas. Todos los que no concuerdan con sus criterios están equivocados y les profetizan el desastre.

Ellos son las fuerzas de tarea del gran capital, de los golpes blandos, de las revoluciones de colores u otros inventos para la subversión de los pueblos. Condenados al fracaso cuando los pueblos están alertas, se repliegan, pero pueden resurgir donde los buenos son indiferentes.

http://razonesdecuba.cu/las-hordas-neoliberales-sirven-de-carne-de-canon/

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