FINAL DEL JUEGO PARA #UCRANIA: EE.UU. CONTRA #EEUU.

El calendario político de Estados Unidos podría determinar lo que sucederá en el lado occidental de Ucrania (Foto: Andrew Harnik / AP)

Alastair Crooke

La histeria por el globo chino que sobrevolaba Estados Unidos, llevada hasta su máximo nivel, terminada con el despegue secreto de un jet Raptor (F-22) para «reventarlo», y luego anunciándolo con bombos y platillos como la primera caza «aire-aire» del Raptor, puede ser una causa de burla en todo el mundo, pero de manera paradójica este acontecimiento aparentemente trivial puede proyectar una larga sombra sobre el calendario de guerra estadounidense para Ucrania.

Porque es el calendario político de Estados Unidos lo que podría determinar lo que sucederá luego en el lado occidental de Ucrania.

Aparentemente nada importante ocurrió: fue un instante de frenesí espía, dejando la «dura tarea» de Biden sin cambios: tiene que convencer al votante estadounidense, quien enfrenta el colapso de sus niveles de vida, que está leyendo incorrectamente las «runas»; que en vez de estar deprimida, la economía -contrario a lo que se vive y experimenta- está «funcionando bien para ellos [los votantes]».

Biden necesita presentar esta magia en contraste con las encuestas que dicen que solo 16% de los estadounidenses se sienten en mejores circunstancias desde el inicio de su mandato, y que 75% de los votantes demócratas y con inclinaciones demócratas desean que no se postule en 2024. De manera significativa, este mensaje está viniendo de los medios con tendencia demócrata, sugiriendo que la intención de reemplazarlo ya está en circulación.

Por ahora, los aliados de Biden en el establishment del partido (el Comité Nacional Demócrata -CND-) continúan allanando el camino para su candidatura, posponiendo las primarias iniciales (en las que se esperaría que fuese aplastado) por una posterior elección primaria en Carolina del Sur, donde los votantes negros y latinos pueden reflejar la demografía en la cual aquel podría (posiblemente) brillar. Puede que funcione; puede que no.

En pocas palabras, en este contexto del partido sumamente escéptico, Biden deberá cambiar la percepción de los estadounidense sobre la economía en un momento en el que los muchos indicadores señalan un deterioro ulterior. Será una «carga pesada». Sin duda, el equipo económico insistirá: «¡Mantengan el foco en los logros económicos! No queremos distracciones por ninguna debacle de la política exterior; no queremos que los debates televisivos se centren en globos, o en torno a los tanques Abrams: ¡Es la economía, estúpido!».

El «globo chino» fue reventado, sí, pero de manera similar lo fue la esperanza del Team Biden por negociar un pequeño acuerdo con un irritable presidente Xi que pudiera evitar que las tensiones en China se conviertan en un tema perturbador en los debates de las primarias. El incidente del globo obligó a Estados Unidos cancelar el encuentro de Blinken con Xi (aun cuando dicha reunión con el jefe del Estado habría sido un acto inusual).

La poderosa facción del «halcón chino» en Estados Unidos estaba extática. El globo chino «sorprendió a todo el mundo» inadvertidamente, y en un instante, elevó a China a la categoría de «Amenaza Principal». Era la oportunidad para que estos halcones «giraran» la política exterior de Ucrania y Rusia para concentrarse completamente en China.

Ellos plantean el caso de que Ucrania estaba «comiendo» demasiado del inventario armamentístico de Estados Unidos. Estaba dejando al país vulnerable; de por sí, tomaría años a Estados Unidos compensar este equipamiento perdido reponiendo las líneas de suministro armamentístico. Y «no hay tiempo que perder». Y el «cerco de disuasión» militar en torno a China debe ser puesto en su sitio de inmediato.

Por supuesto, el hermético círculo neoconservador alrededor de Biden -de los cuales algunos han invertido en el proyecto «Destruir a Rusia» durante décadas- no está listo para «dejar ir» el proyecto Ucrania por el de China.

Sin embargo, la «burbuja» narrativa de Ucrania ha sido pinchada, y ha estado fugando helio desde hace un tiempo. El Beltway [zona donde reside la élite política estadounidense: nota del traductor] -e incluso la narrativa de los medios hegemónicos- ha hecho piruetas con desde «Rusia está perdiendo» a «la derrota ucraniana es inevitable». En efecto, Kiev está derrotado y pende del más delgado de los hilos.

Olexii Arestovich, uno de los asesores de alto rango de Zelenski y exvocero de la oficina presidencial, en un discurso a finales de enero de este año, fue franco en su valoración:

«Si todo el mundo cree que estamos garantizados de ganar la guerra, entonces es poco probable. Desde el 14 de enero ha dejado de ser así. ¿Piensas que en la valoración del presidente de Polonia, Duda, no dijo esto sobre los meses decisivos? Que de manera general se desconoce si Ucrania va a sobrevivir (…)

«Es posible que la guerra no termine como los ucranianos esperan, y como resultado, Ucrania no le sean devueltos todos sus territorios, y Occidente está listo para proseguir con dicho escenario (…) ¿Qué pasará con la sociedad que eleva sus expectativas demasiado alto, pero recibirá un Minsk-3 condicionado? Este retroceso de expectativas incumplidas nos pegará tan fuerte -moralmente y todo lo demás- que simplemente quedaremos aturdidos.

«La solución a esta guerra no será para nada lo que nos parecía hace tres meses, luego del éxito de la operación en Jersón. Y no porque los insidiosos estadounidenses no entregan armas o se tardan en ello, sino porque el triunfo requiere de 400 mil soldados perfectamente entrenados con el armamento OTAN para molerlo todo y liberar los territorios. ¿Los tenemos? No. ¿Será para el próximo año? No será así. No habrá suficientes instalaciones de entrenamiento (…)

«Nosotros como sociedad no estamos listos para este resultado. Decidí decirlo como la previsión del lado ruso. Pero la cosa más desagradable es que en Occidente piensan de la misma manera, y somos totalmente dependientes de ellos. ¿Qué debería hacer Occidente? El escenario de las dos Coreas. Crear una Corea del Sur con garantías», dijo Arestovich, añadiendo que, con esta opción, Ucrania puede tener bastantes gratificaciones.

Dicho sin rodeos, si Biden quiere evitar una repetición de la humillante debacle afgana, Estados Unidos necesita urgentemente seguir adelante con el calendario presidencial de 2024 este verano, con Ucrania-Rusia absorbiendo todo el oxígeno de los próximos debates económicos.

Pero eso no es lo que está sucediendo. Victoria Nuland -quien ha sido la «capo» en Kiev durante una década- está supervisando una purga: los poco fiables están «fuera», y los halcones ucranianos pro-estadounidenses están «dentro». Se trata de una renovación de la mafia de Kiev, lo que deja a Zelenski sin amigos, y totalmente dependiente de Washington. Parece una preparación para que Estados Unidos intente jugársela todo o nada en Ucrania.

El detallado artículo de Seymour Hersh sobre el trasfondo del sabotaje a los gasoductos del Nord Stream por parte de Estados Unidos, en el que trabajó durante muchos meses (aunque sus alegatos han sido desestimados por la Casa Blanca), nos dice algo muy significativo.

Todos los conocidos neoconservadores antirrusos (Nuland, Sullivan y Blinken) formaron parte del plan de sabotaje del Nord Stream, pero el impulso provino de Biden. Lo indujo él. Y solo para ser franco, Biden está tan emocionalmente dedicado a Ucrania como sus compañeros; es probable que él tampoco se pueda permitir «dejar ir» a Ucrania.

PERO, ahora apostando todo a Ucrania, no funcionará para Biden. Sería muy imprudente (a pesar de que el plan Nord Stream no fue sino imprudente).

Darlo todo no le brindará su esperado «triunfo», porque su lógica está basada en un notorio análisis erróneo.

Olexii Arestovich ha descrito la circunstancia de la primera etapa de la Operación Militar Especial (OME) en Ucrania: fue concebida como una misión incruenta y tuvo que haber sido sin víctimas, dice. «Trataron de librar una guerra inteligente (…) Una operación especial elegante, hermosa, relámpago, donde gente amable, sin causar daño a gato o niño algunos, eliminaba a los pocos que resistían. No querían matar a nadie: solo firma la renuncia».

La cuestión aquí es que, lo que ocurrió fue un mal cálculo político de Moscú, y no un fracaso militar. El objetivo inicial de la OME no funcionó. No derivó en negociaciones. Sin embargo, fluyeron dos grandes consecuencias: los mandos de la OTAN se abalanzaron sobre esta interpretación para bramar su sesgo preconcebido de que Rusia era militarmente débil, retardado y trabado. Esa interpretación errónea subyacía a la forma en que la OTAN percibía que Rusia proseguiría la guerra.

Fue totalmente incorrecta. Rusia es fuerte y tiene predominancia militar.

Sin embargo, bajo la presunción de debilidad, la OTAN cambió los esquemas de una planificada insurgencia guerrillera a una guerra convencional a lo largo de las «Líneas de Defensa de Zelenski», por consiguiente abría el camino a la dominación artillera de Rusia para reducir las fuerzas de Ucrania al punto de la entropía. Es un error que no puede ser rectificado. E intentar hacerlo podría llevar a la Tercera Guerra Mundial.

El tanque Abrams M1 no salvará a Biden de la debacle en vía a los debates de las elecciones estadounidenses:

«Fue diseñado para el tipo de combate tanque contra tanque que no ha ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial. Es enorme, costoso, lleno de aparatos electrónicos. Y propulsado por un motor de avión reconvertido. Se descompone rápidamente y necesita su propio ejército de mecánicos, se queda sin gasolina pronto, y con casi 70 toneladas es demasiado pesado para cruzar la mayoría de puentes y necesita un equipamiento especializado para hacerlo. Los saudíes usaron tanques Abrams en Yemen, y perdieron 20 ante los hutíes, que no son exactamente la fuerza militar más sofisticada».

Así que, ¿cómo resulta todo esto? Bueno, la lucha está en marcha, en Washington. Los halcones chinos tratarán de atraer toda la atención de Estados Unidos hacia China. Los neoconservadores de Biden pueden intentar alguna táctica en Ucrania que haga imparable la guerra con Rusia.

Sin embargo, la realidad es que el «globo» de Ucrania se ha reventado. Los círculos militares y civiles en Washington lo saben. El «elefante en la sala» del inevitable triunfo ruso es reconocido (aunque con la compulsión por evitar mostrarse «derrotista», que persiste en algunos). También saben que el «globo» de la OTAN (como «fuerza formidable») ha reventado. Saben que el globo de la capacidad industrial occidental para manufacturar armas -en cantidades suficientes y de larga duración- también ha reventado.

Las consecuencias son el riesgo de graves daños a la reputación de Estados Unidos, cuanto más persista la guerra. Estos círculos no quieren eso. Quizás concluirán que Biden no es el hombre para sacar a Estados Unidos de este callejón sin salida, que él es parte del problema y no la solución. De ser así, debe irse a tiempo para que los demócratas preparen a quién quieren para llevarlos a las elecciones presidenciales de 2024 (no es un panorama fácil).

También podrían sentir que las líneas de campaña de 2024 ya están confluyendo a favor del Partido Republicano, que tiene su propia lectura de la debacle ucraniana: «Salgamos de Ucrania para confrontar a China» (con total apoyo bipartidista). Primero, esto quiere decir que el hilo de la ayuda financiera estadounidense a Ucrania -como Bill Burns (jefe de la CIA) presuntamente dijo a Zelenski en su última visita- probablemente se estrechará en este verano. Y segundo, sugiere que cualquier ayuda bipartidista para un posterior armamento a Kiev terminará para el momento en que la temporada de primarias esté en pleno apogeo.

Bill Burns viajó (en secreto) a mediados de enero para reunirse con Zelenski. ¿Fue a prepararlo para un cambio en la postura estadounidense? Burns, el histórico y silencioso negociador estadounidense, no toma partido por el programa de Nuland. Aquel dijo en la Universidad de Georgetown a principios de febrero que «China continúa siendo el mayor desafío geopolítico que Estados Unidos enfrenta en las décadas por venir, y la mayor prioridad de la CIA».

Nuland puede estar plantando halcones alineados con Estados Unidos alrededor de Zelenski para continuar la guerra, pero hay otros intereses más considerables dentro de Washington. Los círculos financieros están preocupados por el colapso del mercado que podría llevar el valor del dólar a una hemorragia. También hay preocupaciones de que la guerra de Ucrania está contribuyendo a un serio debilitamiento de la posición de Estados Unidos en el mundo. Y existen inquietudes de que un insensato Team Biden podría perder el control y llevar a Estados Unidos a una guerra más vasta con Rusia.

En cualquier escenario, el tiempo es corto. Se asoma el Calendario Electoral. ¿Biden será el candidato demócrata? Si será o no candidato en 2024, debe resolverse antes de las primeras votaciones primarias para permitir que cualquier sucesor demuestre sus pasos a tiempo.


Alastair Crooke es un exdiplomático británico, escritor y analista de renombre y trayectoria en el Sudoeste Asiático. Fundador y director de Conflicts Forum (con sede en Beirut, Líbano), organización que aboga por el entendimiento entre el Islam político y Occidente. Es autor de Resistencia: la esencia de la Revolución Islámica.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en Strategic Culture Foundation el 13 de febrero de 2023, la traducción para Misión Verdad fue realizada por Ernesto Cazal.

https://misionverdad.com/traducciones/final-del-juego-para-ucrania-eeuu-contra-eeuu

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