El juicio honrado debe acompañarse de la lucidez. (A propósito del debate intelectual cubano actual)

“Y para nosotros que escribimos es importante saber a quién le decimos y quién lo dice.”

Bertolt Brecht. En Las cinco dificultades para decir la verdad. (1934).

“No hay que temer a las discrepancias en una sociedad como la nuestra, en que por su esencia no existen contradicciones antagónicas, porque no lo son las clases sociales que la forman. Del intercambio profundo de opiniones divergentes salen las mejores soluciones, si es encauzado por propósitos sanos y el criterio se ejerce con responsabilidad».

Raúl Castro. Discurso pronunciado en la Asamblea Nacional del Poder Popular el 24 de febrero del 2008.


Un mensaje no comunica solamente mediante el significado literal de las palabras. Los vocablos llevan en sí connotaciones, subtextos implícitos, que también aportan, y decisivamente, al significado total, más allá del explícito, y a partir de dos elementos esenciales: el contexto, en su sentido amplio, y lo que se excluye, lo que no se dice en el contenido del mensaje.

Son estas dos condiciones de la comunicación las que explotan con relativo éxito los manipuladores mediáticos de los medios hegemónicos capitalistas con diversa maestría. También acuden a la vulgar cita de un fragmento conveniente, cercenando la totalidad del contenido emisor.

El contexto está conformado por múltiples elementos. Pero hay dos decisivos. El momento histórico puntual, aquel suceso o materia a que se refiere el mensaje. Y la personalidad del emisor.

Es obvio que cuanto más pública, cultural y políticamente significativa es la personalidad del emisor, más influencia emocional, cultural, social y política suscita en el probable receptor.

Y el receptor, la llamada opinión pública global está dominada, como bien se sabe, por un conglomerado muy minoritario que posee la propiedad de todo el fundamental espectro de medios de amplia difusión existentes. Lo que no se publica en esos medios prácticamente no existe. Y lo que allí se difunde, es para muchos la verdad, ahora llamada, por la creciente desinformación, postverdad. Los medios “alternativos” ocupan un margen muy estrecho de la banda comunicativa mundial. El derecho a una información veraz, contrastada, honesta y objetiva, está globalmente hoy cercenado, si nos referimos a la información y las valoraciones que llegan a las grandes mayorías.

En los países que se precian de la libertad de expresión y prensa, sin embargo, no tienen amplia difusión en los medios hegemónicos aquellos textos y el pensamiento de los intelectuales o pensadores que atentan contra el núcleo duro del sistema político capitalista. Sólo basta un ejemplo. Noam Chomsky, intelectual de amplio prestigio internacional y uno de los más penetrantes críticos del sistema político de su país, quien afirma que el New York Times es pura propaganda, puede impartir sus conferencias en universidades, pero es sistemáticamente marginado de los medios que tienen amplia difusión y conforman la corriente principal de la opinión pública estadounidense. Por su parte un intelectual español afirma que no es habitual en su país expulsar a un periodista por sus opiniones. Porque ya los que son aceptados en los principales medios, previamente se sabe que no darán motivos serios, los que importan al sistema político, para ello.

En los países que forman el eje del mal latinoamericano, Venezuela, Nicaragua, Cuba, con sus distintas especificidades, la posición del intelectual que apoya o pertenece a sus sistemas políticos es muy peculiar y muy diferente, precisamente por su contexto histórico y la beligerancia jurada de sus enemigos antagónicos. En estos países el ejercicio del criterio, como en cualquier otro, es fundamental para el examen de sus proyectos, tanto como para luchar contra la hegemonía mediática enemiga. Es en ellos, en nuestra región, donde se concentra la lupa manipuladora de los medios capitalistas.

Toda manifestación, opinión, criterio, juicio, de sus intelectuales significativos, está bajo el examen y son rápida y orquestalmente difundidos, sobre todo si aportan algún elemento contestatario o polémico contra sus países, su política, su gobierno.

Las sanciones y agresiones de amplio espectro aplicadas contra esos países, se apoyan y justifican en gran medida, de cara a la opinión pública, pero también en la esfera de las relaciones diplomáticas, en la imagen que construyen los medios hegemónicos de aquellos sistemas políticos que desean subvertir los grandes intereses económicos. Para construir esa imagen se valen de toda una panoplia de los recursos de llamada beligerancia de 5ta. Generación. Un elemento puntual, pero no menos importante, es la imagen que sus intelectuales trasladan de sus países y sobre todo cuando no son aquellos que están diametralmente opuestos a sus sistemas políticos.

El poder hegemónico cultural juega con, y se aprovecha de, un conjunto de variables que le hacen sinergia positiva a sus objetivos mediáticos. Y es que los sistemas contestatarios al capitalismo no pueden, en una medida mayor que otros sistemas, prescindir de la crítica. Modos de vida que se proponen ser diferentes, educar, mejorar, necesitan del examen continuo y constante. Pero a la vez muchas de las dificultades e insuficiencias materiales y de recursos, y hasta los errores cometidos, están provocados por su carácter de países sometidos al sistema de las relaciones desiguales que impera e intenta destruirlos o al menos neutralizarlos. De manera que la crítica intelectual interna que se dirige a esas dificultades, carencias, insuficiencias y errores, siendo condicionadas por ese orden mundial desigual, a la vez le sirven como otro elemento de ataque. Es un juego de siempre ganar. Aquellos que nos atacan y dañan se aprovechan de la crítica, incluso cuando es honesta y comprometida, sobre aquellas dificultades que ellos mismos ayudan a provocar. Este es un elemento que pocas veces se lee en el intercambio del debate cubano.

¿Qué hacer?

Por supuesto, de la crítica y el ejercicio del criterio no se pueden prescindir. Y en eso también los países mencionados, y sobre todo Cuba, están enfrascados en una lid injusta y muy desigual.

En países que pertenecen al conglomerado que en ocasiones han adoptado una política común de animosidad o beligerancia contra Cuba, como la posición común europea, se puede legislar una Ley Mordaza de la opinión pública o hasta enjuiciar a un opinante sobre una monarquía, y apenas es noticia o repudio mundial. Si lo hiciera Cuba se convertiría en un escándalo resonante a los 4 vientos. La principal razón para que un país como Cuba no acuda a esos resortes extremos es la naturaleza de su proyecto. Entonces debe intervenir esa peculiaridad que debe caracterizar al intelectual formador o influyente en la conformación de la imagen de su país.

La crítica es útil cuando es honesta, es decir, se ajusta a una correspondencia entre la ética personal y la verdad de los hechos. La verdad apunta a un elemento fáctico, real, sobre el que se considera debe actuarse en bien de un proyecto político, o la salud de la vida social. Pero la verdad es información completa. Cuando se enuncia una verdad a medias, es decir, con información incompleta, no sólo es sepultada también toda la verdad, sino que se forma otra, pero esta se convierte en algo muy próximo a una mentira. Una verdad incompleta es inaugura una mentira. Y es lo que aprovecha y explotan aquellos que dañan la imagen de un país para justificar sus agresiones.

La situación contestataria de Cuba, y por ello agredida, exige de sus intelectuales una responsabilidad de muy distinta cualidad y ciertamente mucho más compleja que en otros lares. A la vez que puede sufrir la angustia de ser lo más lúcida y honesta posible para lograr su propósito, que es el mejoramiento y crecimiento del proyecto que apoya, debe tener en cuenta que también será aprovechada por la maquinaria mediática mundial y no precisamente para maximizar el objetivo de mejoramiento que es el objetivo de su crítica. El criterio de debe autocensurarse por ello, pero en cambio tiene una responsabilidad de lucidez. Nadie dice que sea fácil, pero es necesaria.

Varias veces, en medio del debate cubano actual, vienen a la mente las famosas 5 dificultades brechtianas para decir la verdad, absolutamente vigente hoy, pero sobre todo para los países que pretendemos enfrentar con algún éxito la guerra que se nos hace: “quien hoy pretenda combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad debe superar cuando menos cinco dificultades”, dejó escrito en el momento histórico de 1934. Y son:

I Valor de escribir la verdad; II La sagacidad de reconocer la verdad; III El arte de hacer a la verdad manejable como arma; IV El juicio de escoger a las personas en cuyas manos la verdad se hace efectiva, y V La maña de propagar la verdad entre muchos.

Cada una de esas dificultades se relaciona entre sí, aunque conserven su independencia en el sistema. En cuanto a su integración, de nada tener el valor de escribir la verdad, si no se goza de la sagacidad, la capacidad, de reconocerla allí donde se manifieste. Nos dice Brecht: “La persona que anota sólo pequeños hechos no está en capacidad de hacer manejables los problemas de este mundo. Pero la verdad tiene este fin y ningún otro”.

Falla todo lo anterior si no se domina el arte de convertir el manejo de la verdad en un arma, pero a la vez, saberla dirigir de manera que sea efectiva en las fuerzas que interesan al proyecto en que se milita. Y parte de todo ello forma su difusión. Brecht dice difundirla “entre muchos”.

Y el “muchos” de hoy está controlado por los medios hegemónicos. Estos medios han creado el mito de que un artefacto llamado red social es a la vez un instrumento democratizador, es decir, público, y la sala de nuestra casa, la privacidad donde todo nos permitimos, nuestro muro. Una “privacidad” pública que aprovechan para difundir aquello que decimos en nuestra sala, pero que sea conveniente a sus propósitos públicos.

 La red está inundada, en el mejor de los casos, de personas que sólo anotan, como dice Brecht, “pequeños hechos”, la doxa, la mera opinión subjetiva, no raramente desinformada, o sólo muy parcialmente informada. Y crea con ella imagen y juicio público. Los poderes que controlan el flujo de todo lo que se publica en las redes y blog sociales sí que tienen los recursos necesarios para hacer la “verdad” manejable como un arma en una lid muy desigual. Pareciera que Brecht hablaba para hoy mismo: “Él pensaba: yo hablo y quien me quiera escuchar me escuchará. En realidad, él hablaba, y quien podía comprarlo lo escuchaba; sus palabras no eran oídas por todos, y quien las oía no quería oírlas todas.”

“Sus palabras no eran oídas por todos”. Y agregaba en la dificultad (IV) referida a la recepción: “La verdad no se puede simplemente escribir, es indispensable escribirla para alguien que sepa usarla”. Y agregaríamos: una verdad incompleta es magnífica para quien sabemos que no querrá usarla sino para sus propósitos. Es lo que hoy hacen los medios internacionales cuando un intelectual de los sistemas que adversan no sabe convertir la verdad que desea difundir en un medio o arma efectiva en las manos de las fuerzas adecuadas a sus objetivos de mejoramiento. “Y para nosotros que escribimos es importante saber a quién le decimos y quién lo dice.”

La honestidad sin lucidez siempre será elogiable por honesta, pero lamentable por fallida e inservible y no pocas veces contraproducente. Evitarlo es la necesaria responsable lucidez de los intelectuales de nuestras tierras.

http://razonesdecuba.cu/el-juicio-honrado-debe-acompanarse-de-la-lucidez-a-proposito-del-debate-intelectual-cubano-actual/

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