«A los veintidós años, seré célebre o difunta», Maria Konstantinovna Bashkirtseva.

Maria Konstantinovna Bashkirtseva nació en Gavrontsi cerca de Poltava (ahora Ucrania ) en una familia noble adinerada, pero sus padres se separaron cuando ella tenía 12 años.  

Era hija del decano de la nobleza, Konstantín Bashkírtsev, y nieta del general Pável Grigórievich Bashkírtsev.​ Creció en el extranjero, viajando con su familia materna (su madre era María Babánina y su abuela, la francesa Julie Cornelius)​ a través de Europa, con estancias más largas en Alemania y en la Costa Azul, hasta que se instaló definitivamente en Francia. Aunque su idioma natal fue el ruso, escribió sus diarios en francés, lengua que hablaba a la perfección; dominaba también el inglés y el italiano. Aprendió asimismo el latín (como lo demuestran las múltiples citas que utiliza en su Diario) y el alemán lo suficiente como para leer el Fausto de Goethe y apreciar alguna opereta de Offenbach.​

Educada en privado y con talento musical temprano, perdió su oportunidad de hacer carrera como cantante cuando la enfermedad destruyó su voz. Luego decidió convertirse en artista y estudió pintura en Francia en el estudio Robert-Fleury y en la Académie Julian .

Desarrolló una meteórica carrera en la pintura y dio unos primeros pasos en la escultura, que consideraba su verdadera vocación. Sin embargo, su talento innato estaba en la escritura.

«Desde hace poco comprendo la pintura y eso después de algunos estudios y esfuerzos reales, mientras que a la literatura la he abarcado al instante, desde que he leído he discernido lo bello… y lo malo, y todo eso con cualquier cosa que cae ante mis ojos, los folletines incluso, cuando los recorro veo inmediatamente el esfuerzo, el oficio, el talento que lo atraviesa, los hilos, ¿comprenden ustedes?, yo atrapo la trama del oficio de escribir igual que Breslau debe hacerlo con la pintura.» (5 de diciembre de 1882)

Interesada en la literatura, estudió a los autores clásicos y contemporáneos; practicó la música pero luego se dedicó a las artes plásticas. Sobre su multifacético talento, ella misma comentó:

» ¿Quién les dijo que soy una artista pintora?… Puesta en otro camino habría llegado al mismo punto a fuerza de inteligencia y de voluntad, salvo en matemáticas. Pero la música me apasiona y compongo fácilmente. Entonces, ¿por qué la pintura? (10 de junio de 1883)»

La Académie, como uno de los pocos establecimientos que aceptaba estudiantes mujeres, atrajo a mujeres jóvenes de toda Europa y Estados Unidos. Los compañeros de estudios en la Académie incluyeron a Anna Bilińska-Bohdanowiczowa y especialmente a Louise Breslau , a quien Bashkirtseff veía como su única rival real. Bashkirtseff continuaría produciendo un cuerpo de trabajo notable, aunque bastante convencional, en su corta vida, exhibiendo en el Salón de París desde 1880 y todos los años a partir de entonces hasta su muerte (excepto 1883). En 1884 expuso un retrato de los niños de los barrios marginales de París titulado El encuentro y un retrato al pastel de su prima, por el que recibió una mención de honor. 

Escribió varios artículos para el periódico feminista La Citoyenne de Hubertine Auclert en 1881 bajo el seudónimo de «Pauline Orrel». Uno de sus dichos más citados es «¡Amemos a los perros, amemos solo a los perros! Los hombres y los gatos son criaturas indignas».

Las obras más conocidas de Bashkirtseff son The Meeting (ahora en el Musée d’Orsay , París ) y su 1881 In the Studio , un retrato de sus compañeros artistas en el trabajo. Aunque una gran cantidad de obras de Bashkirtseff fueron destruidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial , al menos 60 sobreviven. En 2000, una exposición itinerante por los Estados Unidos titulada «Superando todos los obstáculos: las mujeres de la academia Julian» presentó obras de Bashkirtseff y sus compañeros de escuela. 

Como pintora, Bashkirtseff se inspiró en la admiración de su amigo Jules Bastien-Lepage por el realismo y el naturalismo . Donde Bastien-Lepage había encontrado su inspiración en la naturaleza, Bashkirtseff recurrió a la escena urbana y escribió: «No digo nada de los campos porque Bastien-Lepage reina sobre ellos como un soberano; pero las calles, sin embargo, aún no han tenido su. .. Bastián».  Por desafortunada casualidad, ambos artistas sucumbieron prematuramente a una enfermedad crónica en el mismo año, y las últimas páginas del diario de Bashkirtseff registran sus visitas al pintor moribundo.

Fue, en ese sentido, durante la primera mitad del siglo XX, un paradigma universal de vida y de valor ante la muerte, al punto que, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, muchos estudiantes japoneses, reclutados por el ejército, portaban un ejemplar del Diario de Marie Bashkirtseff en su derrotero hacia el frente de batalla.

En 1885, un año después de su muerte, el Estado francés adquirió su pintura Le meeting para el museo de Luxemburgo. Al año siguiente, luego de una exposición de sus obras en Ámsterdam, el gobierno holandés adquirió su óleo Portrait d’Alexandrine para el Rijksmuseum. En 1887 fue publicado con gran éxito su Diario en Francia y poco después se lo comenzó a traducir y editar en distintos idiomas. Después de descubierto los originales en la Biblioteca Nacional de Francia, fue publicado en 2005 el texto íntegro en 16 volúmenes (Cercle des amis de Marie Bashkirtseff, París).

Tocaba el piano, el arpa, la guitarra y la mandolina. Al piano Marie le dedica varias horas por día durante varios años, su repertorio —las Sonatas de Beethoven, el Concierto para piano y las Canciones sin palabras de Mendelssohn, los nocturnos de Chopin— es el propio de una pianista profesional.

«Pues bien, me basta escuchar una obra maestra como la marcha de Chopin, por ejemplo, o la de Beethoven, para sentirme atrapada, poseída por el deseo de tocarla en unos días, en dos o tres días y, dedicándole apenas una hora por día, llego a ejecutarla absolutamente bien, tan bien como cualquiera, como Dusautoy, que es primer premio del Conservatorio y que practica. Y con una convicción que él no tiene ni tendrá jamás». (27 de abril de 1883)

En la actualidad podemos encontrar las obras de Marie Bashkirtseff en el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo (ocho óleos y trece dibujos); el de Bellas Artes de Niza Jules Chéret (diez óleos, cuatro dibujos y la escultura de una mano); en el Louvre, dos dibujos; en el de Orsay (una escultura, una pintura y dos pasteles); el Petit Palais (una pintura y dos dibujos); el mausoleo de Marie Bashkirtseff en el cementerio de Passy (un óleo inconcluso).​ Hay algunas otras obras suyas también en Ucrania —en los museos de arte de SumyJárkovDnipropetrovsk— y en Rusia, en la moscovita Galería Tretiakov.​ además, tienen un óleo la biblioteca Newberry de Chicago, la Pinacoteca Nacional (museo Soutzos) de Atenas, el Museo nacional de bellas artes de Argel y la Galería de Arte HamiltonOntarioCanadá. Muchas de sus obras se conservan en colecciones particulares y de tanto a tanto salen a la luz (por ejemplo, Muchacha leyendo “La cuestión del divorcio”, de 1880, su primera obra presentada en el Salón de París, fue subastada en Sotheby’s en 2012 y adquirida por la Fundación rusa «Renacimiento de la memoria de Marie Bashkirteff» para su museo en Poltava, Ucrania;​ en 2014 fueron subastados varios de sus dibujos en territorio francés).

A los 15 años, María Bashkirtseff comienza a escribir su diario íntimo, redactado en francés, al que le debe mucho de su celebridad. Sus cartas, sobre todo una con Guy de Maupassant, fueron publicadas en 1891. Este intercambio epistolar, tanto como las diferentes ediciones del Diario publicados entre 1887 y 1980, fueron muy edulcorados por la familia. Su Diario, al que Simone de Beauvoir consideró «un modelo en su género»,​ publicado en 1887 (reducido y censurado por su madre, como se descubrió mucho después, quien incluso le cambió el año de nacimiento a 1860 en lugar de 1858, para ocultar que sus padres la habían concebido antes del matrimonio) y rápidamente convertido en best seller a nivel mundial, permite seguir la trayectoria de su breve existencia consagrada a las artes, que no fue más que el prólogo a una vida creativa que no tuvo lugar. ​La primera edición del diario, aparecida en 1887, editada con el auxilio del poeta y dramaturgo André Theuriet, quien logró que la editorial Charpentier publicase la obra en dos tomos, aunque estos solo abarcaban un tercio del volumen total. En ella se muestra una familia ejemplar, cuando su realidad distaba mucho de ello: un tío borracho, pendenciero, rodeado de escándalos y perseguido siempre por la policía, tanto en Rusia como en Francia; un juicio que duró diez años por defraudación (y hasta sospechas de asesinato) en Rusia, affaire por el cual se habían hecho de la fortuna que les permitió emigrar y radicarse en Francia y que solo se resolvió mediante un chantaje al juez; una María Bashkirtseff prácticamente adolescente ,​ descarnada, casta y pura. La imagen de una Marie Bashkirtseff adolescente se asentó a tal punto que incluso desde la óptica científica fue abordada desde ese ángulo.​ Pero ¿era realmente una adolescente esa joven mujer de veintiséis años, con su voluntad de hierro que se imponía rigurosamente un objetivo: la gloria? ¿Era una adolescente aquella que jamás se quejó de su enfermedad y que dejó como testimonio de sus sufrimientos una sola frase: «Me es difícil subir las escaleras»?.​ Esta edición de 1887 es la que se reeditó hasta fines del siglo XX.

«Este pobre Diario que contiene todas estas aspiraciones hacia la luz, todos estos impulsos habrán de considerarse como arranques de un genio aprisionado si el final fuese coronado por el éxito, ¡pero serán vistos como delirios vanidosos de una criatura banal si termino enmoheciéndome eternamente! ¡Casarme y tener hijos! ¡Pero cada lavandera puede hacer otro tanto! A no ser que encuentre un hombre civilizado y lúcido o débil y enamorado. Pero ¿qué es lo que yo quiero ? Vosotros lo sabéis bien. ¡Yo quiero la gloria! No es este Diario el que me la otorgará. Este Diario no será publicado más que después de mi muerte, porque yo estoy aquí demasiado desnuda para mostrarme en vida. Por otra parte, no será más que el complemento de una vida ilustre.«

Lo que ha confiado a su Diario, día tras día, y que han censurado tan cuidadosamente, son todas sus emociones, verdaderas pero también sus impulsos, sus gestos, hasta sus deseos. En el crepúsculo de un siglo solemne, en el que las chicas habían aprendido a no hablar más que de su corazón, María habla de su cuerpo.​ Al respecto, su biógrafa Colette Cosnier, luego de leer el original, apunta: «Hojeo el manuscrito de su Diario, los ochenta y cuatro cuadernos y cuadernillos escritos de su puño y letra y mi emoción se trueca en estupor, en dolor, en cólera.

, y agregó una suerte de introducción en mayo de 1884:

«Si fuese a morir así, súbitamente, tal vez no conocería el peligro, me lo ocultarían… y no quedaría nada de mí… nada… ¡nada!… como si no hubiese existido jamás… Si no vivo lo suficiente para ser ilustre, este diario será interesante; siempre es curiosa la vida de una mujer, día a día, como si nadie en el mundo debiera leerla pero también con la intención de ser leída.«

Detrás de la heroína rosa de biblioteca aparece una mujer que vive, que ama, que crea; detrás de la criatura angelical y descarnada hay un cuerpo de mujer que grita sus deseos. Una mujer víctima de un destino distraído que la hizo nacer cientos de años demasiado temprano, una mujer prisionera de su tiempo, una mujer de nuestro tiempo».​ La versión completa, publicada en francés en 16 tomos (2005), está siendo traducida al español.

Las primeras páginas de su Diario dan testimonio de un amor platónico pero exacerbado por el duque William Douglas Hamilton. Su primer flirteo había sido, a los doce años, el argentino Remigio González Moreno (el primogénito de la familia que dio nombre al pueblo que lleva su apellido en medio de la pampa argentina). Más tarde coqueteará con Emile d’Audiffret, dueño del castillo que dominaba su barrio en Niza (en 1878, un par de años más tarde, este nizardo emprenderá un periplo alrededor del mundo que dejará plasmado en un interesante diario de viaje reeditado en 2004).​ En Italia sostendrá una fogosa aventura con el conde Pietro Antonelli, sobrino de Giacomo Antonelli, el cardenal más poderoso de Roma (y quien, años más adelante, será un destacado diplomático en África),​ un frustrado proyecto de matrimonio con el conde Alessandro de Larderel y rechazará al conde Vincenzo Bruschetti, que le resultaba repelente.

«¿No es terrible que un hombre tan leal como Bruschetti me disguste tanto? Siempre recuerdo con placer esa noble frase suya en el momento en que, en respuesta a su pedido, le advertí que él no sabía nada de mí. En ese momento no le presté atención: —Mademoiselle —dijo—, es usted la que debería pedir referencias de mi persona. Es el marido quien aporta el apellido y la posición a la mujer. Yo la amo y para mí eso es suficiente.(19 de diciembre de 1876)»

También rechazará al conde Merjeewsky, polaco, al conde Multedo, al príncipe griego Soutzo, y al diputado francés Janvier de la Motte. Estuvo siempre rodeada de una cohorte de amigos-pretendientes, nobles y no tanto. Se enamorará profundamente del periodista y diputado bonapartista de extrema derecha Paul de Cassagnac, que habrá de ignorarla. Luego, serán proyectos de matrimonio solo para obtener la independencia que en aquella época le estaba vedada a cualquier muchacha soltera.

«Suspiro por la libertad de pasearse sola, de ir, de venir, de detenerse ante las vitrinas artísticas, entrar en los museos, pasearse al atardecer por las viejas calles, he ahí por lo que suspiro y he ahí la libertad sin la cual es imposible convertirse en un gran artista. ¿Ustedes piesan que se puede aprovechar lo que se ve cuando una va acompañada o cuando, para ir al Louvre, es preciso esperar su coche, su señorita de compañía o a su familia?… (2 de enero de 1879)»

La preocupación obsesiva por dejar algo detrás de ella está siempre presente, teñida de sus creencias religiosas y místicas. Los escritos poseen cierto poder evocador. Le constaba su origen aristócrata; era plenamente consciente de su atractivo y del esplendor de su voz, y soñaba con ser una cantante ilustre. Sella con Dios y con la Virgen ingenuos pactos prometiendo, a cambio de los triunfos mundanos que ella ambiciona, limosnas y peregrinajes. Aparenta necesitar preocupaciones que mantengan la actividad de su espíritu: se entusiasma con la idea de reconciliar a sus padres y de seducir a su padre, de quien posee una imagen amedrentadora.

Sin embargo, el arte comienza a interesarle por sobre todas las cosas: «A los veintidós años, seré célebre o difunta», escribe. Cuando los médicos le prohíben el canto, se vuelca en el dibujo y la pintura en el taller del maestro Julian, donde estudia y experimenta alegrías y decepciones. Se desconsuela de no ser más que una mujer. Por otra parte se emociona por todo aquello que es elevado y por las pequeñas realidades de la vida:

«Es una naturaleza desafortunada la mía : yo querría una armonía exquisita en todos los detalles de la existencia. A menudo, las cosas que pasan por elegantes o atractivas me chocan por yo no sé que falta de arte, de gracia particular… ¿Naderías? Todo es relativo, y si una espina nos hiere tanto como un puñal, ¿qué queda por decir a los sabios?«

En compañía de una amiga ingresa, bajo un falso nombre, en una sociedad por los derechos femeninos. Rinde culto a ciertas personalidades políticas o literarias. Exhibe terror a lo trivial. Confiesa que se aburre en este mundo y detesta la solemnidad estirada de ciertos salones. Frecuenta relaciones ausentes de lealtad y de franqueza, y traza algunos retratos de un sabor vivo y audaz de esos personajes de París.

Aspira a una celebridad que ve verdaderamente posible, aunque se muestre siempre severa consigo misma, y aunque las alabanzas huecas la ofendan. Ella contempla su nombre desde el punto de vista de la gloria:

«¡María Bashkírtseff! ¿Qué es lo que sugiere?… Suena como algo extraño, atormentado, no es que no prometa un relativo resplandor: tiene cierta prestancia, sonido, orgullo, pero es entrecortado y confuso.«

Describe su terror cuando percibe que, debido a su enfermedad, oye cada vez menos, y sus ataques de nervios:

«Mi trabajo sufre por eso, yo pinto todo estando devorada por aprehensiones quiméricas. Me imagino cantidad de horrores. Me ocurre que despierto sobresaltada y corro al otro lado del jardín, como una loca.«

Y sus prisas por acumular el máximo de sensaciones posible:

Me parece que nadie ama todo tanto como yo: artes, música, pintura, libros, mundo, vestidos, lujo, ruido, calma, risa, tristeza, melancolía, bromas, humor, frío, sol… adoro y admiro todo… Todo se presenta para mí bajo aspectos interesantes o sublimes: yo querría verlo todo, tenerlo todo, abrazarlo todo, confundirme con todo…

Murió de tuberculosis a los veinticinco años, en París en 1884 y está enterrada en Cimetière de Passy , ​​París. Su gran amigo, el príncipe Bojidar Karageorgevich , estuvo presente en su lecho de muerte. Fue sepultada en el Cementerio de Passy en París. Su tumba, una pequeña capilla de estilo ruso diseñada por Emile, arquitecto y hermano de su amigo el pintor Jules Bastien-Lepage, que reproduce en su interior el estudio de la artista en proporciones reales, ha sido declarado monumento histórico. Marie Bashkirtseff fue incluida en la exhibición de 2018 Mujeres en París 1850-1900.

La tumba de María Bashkírtseva.

https://www.wiki.es-es.nina.az/Maria_Bashkirtseff.html

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