Terrorismo Made in USA

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Por: Israel Valdés Rodríguez

El 4 de septiembre de 1997, se producen detonaciones de artefactos explosivos en los hoteles Tritón, Chateau-Miramar y Copacapana. Ese propio día detonaría otra bomba en el restaurante La Bodeguita del Medio.

Al ser detenido el autor de estos actos terroristas, el mercenario de origen salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León confiesa sus fechorías. Dijo haber sido reclutado y entrenado por Francisco Chávez Abarca, salvadoreño, residente en el Salvador, quien estaba bajo la dirección y financiamiento del reconocido terrorista Luís Clemente Posada Carriles, residente en los Estados Unidos, hombre vinculado a la CIA y a la organización contrarrevolucionaria Fundación Nacional Cubano Americana.

Aquel fatídico día, mientras Cruz León, en un baño del hotel Copacabana, activa la bomba que le facilitará Chávez Abarca. El joven Italiano Fabio Di Celmo llega al vestíbulo del centro turístico, donde se ha citado con dos amigos de infancia que concluyen su estancia como turistas en Cuba.

En el lobby bar Cruz León coloca la bomba dentro de uno de los ceniceros. Abandona el Copacabana y prosigue su macabra misión en el Chateau-Miramar, donde repite la operación. En el Neptuno Tritón desliza la bomba en el piso, detrás del respaldar de un butacón, sin importarle la presencia de cuatro niños. Luego, escapa en un taxi, desde donde oye el estallido de las bombas que habían sido reguladas para que explotaran con cierto tiempo de diferencia, una de otra.

Llegó al hotel “El Floridita” solo, con el pretexto de comprobar si lo estaban siguiendo y de ahí se dirigió a la “Bodeguita del Medio”, donde colocó el cuarto y último artefacto.

En los actos terroristas del 4 de septiembre de 1997 se reportaron 11 heridos, algunos de gravedad, y un fallecido: Fabio Di Celmo, italiano de 32 años de edad. Era un joven turista que le gustaba venir a Cuba a disfrutar de las bellezas de nuestro país y su gente.

A pesar de todo, el autor intelectual de este y otros actos terroristas en Cuba, vivió y murió tranquilamente, sin que nadie los molestara en los Estados Unidos.

Un viejo refrán retrata a ese país: Igualito a la gatita María Ramos, tira la piedra y esconde la mano. ¡Y luego nos acusan a nosotros de no cooperar en la lucha contra el terrorismo! ¿Tendrán vergüenza esos señores?

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