El código que vendrá

Por: Sara Más

Finalmente, luego de largos años de propuestas y esperas, Cuba trabajará en la reforma de su actual norma familiar con vistas a proponer y aprobar en referendo un nuevo Código de Familia que sin duda deberá llevar al plural el segundo sustantivo: Familias.

Aunque aún queda un camino para decidirlo, no podría ser de otra forma si, como corresponde, se mantiene la correspondiente coherencia entre la nueva normativa en gestación y la recién estrenada Carta Magna, refrendada por la mayoría de cubanas y cubanos.

El actual Código de Familia, necesitado hace varios años de renovación y aprobado en el país en la pasada década del setenta, fue en su momento de las normas más avanzadas para la región y no pocos espacios de la geografía global. Asuntos como la igualdad de derechos para todos los hijos, sean concebidos o no dentro del matrimonio; o el reconocimiento legal de la uniones de hecho fueron de los aspectos aceptados y recogidos desde temprano en esa normativa.

Sin embargo, respecto al funcionamiento familiar, los tipos de familias y arreglos parentales, las garantías, funciones y deberes respecto a sus integrantes, la patria potestad, la guarda y cuidado… y otros muchos temas, se impone revisar lo legislado y proyectar nuevos conceptos para conseguir una legislación más abarcadora, actual, funcional e integral que, sobre todo, se parezca a la vida misma.

Como ya empiezan a pronunciarse algunas voces, será necesario que ese nuevo Código de Familias (en plural) establezca las mismas consideraciones, deberes y derechos para todos los tipos y variantes familiares que existen, pues nadie debiera quedar fuera y sin protección. Se trate de una persona que viva sola o una agrupación numerosa, de parejas de igual sexo o diferentes, duraderas o no, formales o no, como tantas variantes de arreglos familiares puedan existir.

Todas están ahí, en la vida, y de ningún modo las podemos ignorar. Más aún, les corresponde a todas el mismo reconocimiento y toca a la ciudadanía de este tiempo participar en la formulación y confirmación legal de dignificarlas a todas, para empezar así a eliminar brechas pendientes de desigualdad, que sabemos no se borran solamente con promulgar una ley.

El nuevo Código de Familias, el que vendrá, el que debemos construir y defender en las urnas en un plazo de dos años, deberá hacerse eco, también, con total coherencia, de los postulados de la nueva Carta Magna, que claramente suscribe que “el Estado reconoce y protege a las familias, cualquiera sea su forma de organización, como célula fundamental de la sociedad y crea las condiciones para garantizar que se favorezca integralmente la consecución de sus fines». Igualmente deberá ratificar el principio de igualdad y no discriminación contenido en el artículo 42 del texto constitucional.

Pero lo más importante es que todo lo que seamos capaces de llevar a ese texto, nos permite mejorar la actuación social y nos haga mejores personas.

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